FENÒMENO VINTAGE
Desde hace ya algunos pocos años, vemos una tendencia a la utilización de prendas y objetos denominados Vintage. Año tras años esta oleada fue creciendo y haciéndose cada vez más notoria. Frente a mi investigación en cuanto a tendencias de hábitos y consumos en el mundo de la moda me ha parecido interesante ahondar en este tema.
Caminando por las calles de Buenos Aires y como Cool Hunter en esta ciudad, me ha llamado la atención cómo este fenómeno fue creciendo de manera desmedida en el último año. En cada barrio de esta ciudad, hay al menos 3 tiendas denominadas Ferias Americanas y más de 4 o 5 depósitos de mercadería usada o “vieja”, mejor dicho donde se pueden adquirir piezas del estilo. ¿Cómo es posible que frente a tanta oferta de moda propiamente dicha, las personas elijan desde la refacción de casas y departamentos en ruinas hasta lucir aquellas prendas que han quedado húmedamente en el olvido?. ¿La tentación de todo lo nuevo no alcanza? ¿Los precios son muy caros para adquirir cosas nuevas? ¿Hay un cierto temor a lo desconocido? o ¿Existe una necesidad inminente de volver a las raíces?
Cada una de estas preguntas me llevan a distintas respuestas y todas emergen en un mismo punto. Las cosas antiguas tienen cada vez más valor, lo vemos en remates de antigüedades que las ofertas son de precios elevados y los costos de estas prendas con textiles que ya no existen, hechos a mano trabajo que en la actualidad ya nadie haría, mientras que podemos acceder a las ofertas de productos muy económicos. El reciclado de las cosas siempre ha sido un buen negocio para el que las posee, se plantea entonces la necesidad de la calidad en las cosas que uno elige adquirir.
Ahora bien, no podemos obviar ciertos detalles que influyen a este fenómeno, la moda se ve influenciada por los cambios sociales, políticos e históricos, frente a altibajos en cualquiera de estas áreas, vemos cambios en cadena. En la moda así también se manifiestan. En el viejo continente, posterior a la Revolución Francesa por primera vez la moda volvió al pasado en búsqueda de INSPIRACION Y SEGURIDAD, el clasicismo se impuso, las túnicas, los peinados, las sandalias y demás adornos de Roma y Grecia confluían en armonía para conformar un “nuevo estilo”, nos explica la socióloga Susana Saulquin en uno de sus libros.
Así como surgieron las modas de los jóvenes “darks”, depresivos por razones sociales, también están nuestros jóvenes “flowers” generación entera que se desarrollaron consumiendo dibujos animados tales como Dragón Ball Z, Digimon, Sailor Moon, Pokemon, entre otros, teoría que vengo desarrollando hace ya algunos años, fenómeno social de identificación. También existe el “under” que detesta todo lo que la moda quiera imponerles, ni las plataformas, ni los colores saturados les son propios frente a estas nuevas tribus urbanas, cuando así lo era años atrás. Grupos y grupos de jóvenes escuchan tango, donde me incluyo, ni el Rock and Roll ni el Punk ya es mas interesante que el “nuevo tango”…
No hay lugar para muchos en esta cultura, cuesta reconocerse como personal frente a tanta oferta, la saturación de expresiones llego a su fin y nada mejor que volver a las raíces para volver a empezar.
La sociedad argentina lamentablemente esta limitada en varios aspectos, la última capa de este gran embrollo, es la vestimenta, lo que tienes y lo que llevas.
Frente a la necesidad de no pertenencia, de sentirse diferente y de aferrarce a las raíces como valor no agregado, recuperar aquel mueble o usar las blusas de encaje de la abuela es realmente una hazaña y un calido acobijo. A nivel indumentaria el Vintage, “hoy”, es moda, los mejores diseñadores del mundo inspiran sus últimas colecciones en los cortes y materiales que usaban nuestros padres o abuelos y salen miles y miles de euros.
Argentinas, tenemos una herencia que aprovechar…
Por María Fusto
Cool hunter, Vintage Style. MF